martes, 29 de marzo de 2016
el estanco.primera parte
Hace poco escuche, ( yo soy muy de escuchar, sobre los sábados los documentos de rne, que yo creo que los siguen echando por mí) un reporter sobre la vida de Cervantes, apasionante, y recordé como empezó todo: en un lugar....En un lugar fuí yo a parar el 4 de mayo, que no se me va a olvidar en la vida que entraba en el Carrefour cuando me llamaron para ofrecerme trabajo en aquel lugar, y yo tan poco reflexiva como suelo ser, dije sí, no dije espera que me informo y te contesto, o deja que me lo piense media hora, no, que va, yo que si, todo para adelante, hasta el barranco y más allá, que no hay otra igual. El miedo me entró después, claro, cuando recopilé información sobre hacia donde me dirigía...pero no, no voy a reescribir el apocalipsis, teniendo a mano mejores historias , como el día que fue a comprar un sobre al estanco y según me señalaron por donde encontrarlo, tuve la siniestra sensación de que aquello no iba a ser una excursión intrascendente, y aún estando el tal estanco a escasos 30 metros del puente que cada mañana has de cruzar para perder tu yo y tu libertad ( o sea la puerta del trabajo) porque la tal eva mordió la manzana, que necesidad también esta y que oportuna, pues como digo, tuve que recorrer unas cinco veces aquella media calle cuesta arriba cuesta abajo, hasta que por fin una paisana me señaló cual de todas aquellas puertas era la que me interesaba, y me adentré...unos setenta años, que fue cruzar la puerta como quien atraviesa el túnel del tiempo, y aquella estancia, porque no existe forma geométrica ni no geométrica que la describa, se hizo ante mí. A mi derecha se apilaban rollos de papel higiénico, lo prometo. Cientos o miles, en fila, haciendo una pared ascendente hasta el techo. No, no tiene explicación, y si la tiene es demasiado escatológica para el día dos. Siguiendo esta pared, acabado el mural del papel , higiénico, aparecían zapatillas, muchas, apiladas igualmente a lo largo de la pared, unas encima de otras. Que curioso, pensé, una estanco que vende papel higiénico y zapatillas. Pero no, el olor y el desgaste me confirmaron que las zapatillas eran de la casa. No quiero pensar que lo fuese también, de la casa, el papel¡¡¡Mañana más.
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Parece un episodio del Ministerio del Tiempo, serie en la que hay puertas que te llevan a otras épocas (para los no seguidores).
ResponderEliminarEsto promete.