miércoles, 30 de marzo de 2016

He tardado dos días, dos, en darme cuenta de que aún no ha amanecido de camino al trabajo. Teniendo en cuenta que el trayecto es una hora de coche, el asunto es preocupante…pero de este trayecto hablaremos otro día, porque no nos cabrá en este blog la inconmensurable descripción de “ aquel lugar”, así que , por darle cabida en nuestro cerebro y encontrar la crítica, hacía mí, que me ha llevado a no encajar ni con calzador en el paraíso de los perros callejeros, yo, que me muevo como pez en el agua en los ambientes embarrados, continuaré mi viaje al gore con la visita al estanco. Deciros que el estanco abre “ pues cuando vuelva de andar” y que la estanquera deja cansada a Susana Garcés. Yo creo que ha dado la vuelta al mundo por el camino de las alamedillas, y si no tanto, al menos  se ha hecho el camino de Santiago, ida y vuelta. Pues bien, os recordaré que bajé a comprar un sobre, por no usar uno de  los que paga el erario público y que cuentan con el sello municipal propio, en un arranque de distanciarme de “compañeros de filas” (os recuerdo que he figurado bajo las mismas siglas que la Rita Barbera¡¡¡) Cruzada la puerta, como decíamos ayer ( fray Luis de león dixit) a mi derecha se levantaba una pared de papel del wáter, así de claro, seguida por una disposición de zapatillas usadas. Los caminos del Señor no son comprensibles para nosotros, y no seré yo quien juzgue esta disposición, así que continuaré diciendo que a mi izquierda el mostrador no lo puedo recordar con claridad por el impacto que causó a mi visión el papel que decora la pared. No soy capaz de discernir si los tonos marrones son originarios, o el paso del tiempo ha hecho mella y necesita que lo restauren. Porque cambiarlo no, ni hablar , que ese papel vale más que las pinturas de Altamira. No os aburriré con el mobiliario, abundante y diverso, y sobre el que discurría la mirada cuando, cual si aquello fuese Lourdes y yo una breve pastorcilla, apareció, ante mis ojos, un espectro blanco. Tardé tres segundos en comprender que aquella visión era la estanquera, y es fácil comprender mi tardanza, puesto que la dicha estanquera apareció en camisón y toalla enroscada sobre la cabeza. Esto es cierto y me ha pasado a mí. Bajó la estanquera a venderme el sobre, ( de los de chupetón para pegar la parte trasera) que yo creo que es lo único que vendió esa semana, ( incluso ese mes y el siguiente, visto el horario de apertura, que es cuando vuelve de andar, si vuelve) en camisón: blanco, sin mangas, volante ( almidonado) como tirante, y toalla , blanca , enroscada a la cabeza, y surgió de detrás de aquel hueco , con una naturalidad que os juro que yo me sentí fuera de lugar y de época. Como tantas veces me ha pasado en “este lugar” y espero que Dios me dé los años de Vargas Llosa y el cuerpo de Isabel Presley para poder relataros.


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