He tardado dos días, dos, en darme cuenta de que aún no ha
amanecido de camino al trabajo. Teniendo en cuenta que el trayecto es una hora
de coche, el asunto es preocupante…pero de este trayecto hablaremos otro día,
porque no nos cabrá en este blog la inconmensurable descripción de “ aquel
lugar”, así que , por darle cabida en nuestro cerebro y encontrar la crítica, hacía
mí, que me ha llevado a no encajar ni con calzador en el paraíso de los perros
callejeros, yo, que me muevo como pez en el agua en los ambientes embarrados,
continuaré mi viaje al gore con la visita al estanco. Deciros que el estanco
abre “ pues cuando vuelva de andar” y que la estanquera deja cansada a Susana Garcés.
Yo creo que ha dado la vuelta al mundo por el camino de las alamedillas, y si no
tanto, al menos se ha hecho el camino de
Santiago, ida y vuelta. Pues bien, os recordaré que bajé a comprar un sobre,
por no usar uno de los que paga el erario
público y que cuentan con el sello municipal propio, en un arranque de
distanciarme de “compañeros de filas” (os recuerdo que he figurado bajo las
mismas siglas que la Rita Barbera¡¡¡) Cruzada la puerta, como decíamos ayer (
fray Luis de león dixit) a mi derecha se levantaba una pared de papel del wáter,
así de claro, seguida por una disposición de zapatillas usadas. Los caminos del
Señor no son comprensibles para nosotros, y no seré yo quien juzgue esta disposición,
así que continuaré diciendo que a mi izquierda el mostrador no lo puedo
recordar con claridad por el impacto que causó a mi visión el papel que decora
la pared. No soy capaz de discernir si los tonos marrones son originarios, o el
paso del tiempo ha hecho mella y necesita que lo restauren. Porque cambiarlo no,
ni hablar , que ese papel vale más que las pinturas de Altamira. No os aburriré
con el mobiliario, abundante y diverso, y sobre el que discurría la mirada
cuando, cual si aquello fuese Lourdes y yo una breve pastorcilla, apareció,
ante mis ojos, un espectro blanco. Tardé tres segundos en comprender que
aquella visión era la estanquera, y es fácil comprender mi tardanza, puesto que
la dicha estanquera apareció en camisón y toalla enroscada sobre la cabeza.
Esto es cierto y me ha pasado a mí. Bajó la estanquera a venderme el sobre, ( de los de chupetón para pegar la parte trasera) que
yo creo que es lo único que vendió esa semana, ( incluso ese mes y el siguiente, visto el horario de apertura, que es cuando vuelve de andar, si vuelve) en camisón: blanco, sin mangas,
volante ( almidonado) como tirante, y toalla , blanca , enroscada a la cabeza,
y surgió de detrás de aquel hueco , con una naturalidad que os juro que yo me
sentí fuera de lugar y de época. Como tantas veces me ha pasado en “este lugar”
y espero que Dios me dé los años de Vargas Llosa y el cuerpo de Isabel Presley
para poder relataros.
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